jueves, 8 de abril de 2010

18 feb 2010

Necesito
Discurrir
En alguien.
Y necesito que alguien discurra en mí. Entiendo que el contrato que rige nuestro tiempo juntas no contempla semejante posibilidad. Sin embargo, no puedo evitar retorcerme un poco de inquietud cada vez que tus ojos, ventanas de tu alma, se oscurecen con algún pensamiento que te inquieta a vos también. Y no sé, nunca sé, si me va a llegar por completo y sin censuras, sin alguna vuelta ingeniosa con efectos funcionales al contrato que antes mencioné.
Estoy cansada de hablar de mí misma, porque también estoy cansada de mí misma. No sé bien por qué, perdí mi capacidad de escucha. Creo que es porque tengo tanto ruido adentro mío que no puedo escuchar otra cosa. Y todas las conversaciones que la gente entabla conmigo terminan en mí diciendo “porque yo…” “a mí” “lo que me pasa es” “en mi caso” “yoyoyoyo”.
Tiempo de hablar, tiempo de escuchar…
Hubo un tiempo en que me consideraba una genial compañía. Ya no puedo ofrecer eso. Porque exijo demasiado. Quiero ser demasiado sincera y me gusta ver mucha sinceridad a mi alrededor. No más disfraces, caretas, nada de pintar realidades para que sean más bonitas y tolerables.
Hay cosas buenas dentro de mí, dentro de todos. Pero no son la realidad. La realidad es que por cada pensamiento bueno hay una batería de ideas confusas, de disparos contra un enemigo ilusorio, de fantasías horribles y malos recuerdos sobre analizados. O al menos así es conmigo, y lo proyecto a la humanidad en general. No logro recordar cómo era todo cuando yo era feliz, cuando tenía mucho amor dentro, mucha fuerza y mucha tranquilidad. Cuando era buena compañera de mí misma.
Sé que me retorcí. También sé que no soy una mala persona. Pero tengo cosas m a l a s. Sinceros y acabados deseos de autodestrucción, una insostenible y sin embargo constante desconfianza, porque me leo a mí misma, leo todas esas frases en rojo sangre que susurra el río de mis pensamientos y termino esperando lo mismo de otros ríos, solo que pienso que no me lo dicen. Que todas las cabezas que me rodean tienen dentro de sí mierda en la misma proporción que la mía tiene, pero me está oculta, y entonces invierto muchísimo esfuerzo en defenderme de todos los posibles ataques que esta gente que me rodea pueda llegar a efectuar dentro suyo con la idea de mí.

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