martes, 11 de septiembre de 2012

Charlando con Él.

Resulta que tengo un demonio y a veces hablo con él. Cosas más raras se han visto. No le puse nombre aún y creo que no le hace falta uno, pero es tan bueno para conversar que trato de evitarlo.
Fue Él quien me hizo ver las entre líneas de mi propio relato: cuando un hombre es capaz de mirar a una mujer con mirada asesina (por no mencionar el levantarle una mano), es que le tiene miedo. Mucho miedo. Ya no recuerdo bien el razonamiento detrás de esta conclusión pero la sigo sintiendo cierta.
No es el odio lo opuesto del amor, es el miedo. Esto también lo sé cierto. Una cosa no deja lugar a la otra, son la misma energía, invertida de una u otra manera.
Y lo mío no es sexismo. Es experiencia. Algo muy retorcido transmitido a lo largo de incontables generaciones ha hecho un abismo entre hombres y mujeres, donde debería haber una hermosa complementación. Si algún día soy madre de un precioso varoncito, me cuidaré mucho de hacerle sentir miedo.


- Deprisa - urgió Rose Madder - Ya viene. Baja la escalera, pequeña Rosie... y no te acerques demasiado a mí. - Hizo una pausa antes de agregar con aquella voz pensativa y terrible: - No es seguro.
El retrato de Rose Madder, Stephen King.