Ustedes no lo conocieron como yo lo conocí. No vieron sus manos llenas de sangre, por apretar entre sus palmas un manojo de llaves con la fuerza de su mundo entero derrumbándosele. No vieron los ojos saltándosele de las cuencas intentando exitosamente contener un llanto rabioso de años y años. No escucharon la letanía de incoherencias derramándose de sus labios sin piedad, intentando convertir mi cordura en mariposas de polvo. Y soplando, soplando mis casitas una y otra vez como el lobo del cuento.
Está loco, y me hizo daño, y lo quiero y lo extraño.
Y no me olvido. Esa historia muere conmigo.
jueves, 16 de julio de 2015
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