domingo, 9 de mayo de 2010
Domingo.
Ella canta para mi. Soy su Ángel de la música. Tiene esa voz porque yo una vez sentí lo que sentí, y todos somos uno, ¿verdad?. Masticar con mucha fuerza un impulso que nunca será liberado, poner todo el fuego en la mirada y clavar las uñas en carne inocente. Vomitar el veneno hacia adentro porque hacia afuera ya no hace ningún bien. Vivir junto a otro ser un momento no muy real, el resto de la gente no nos ve, nadie me va a venir a salvar, voy a sobrevivir sola a los ataques de mi padre enfermo para que algún día ella cante así, para mi.
No me gusta mucho revivir este muerto.
sábado, 8 de mayo de 2010
Alfarería 101
Separe un pedazo de arcilla adecuado para el tamaño de sus manos. Si el momento es importante, lo mejor es entender que hay ciertas cosas que sí puede controlar. Todo lo que suceda en los próximos minutos será bajo la influencia de las fuerza de sus manos y sus brazos y uno de sus pies, y cuanto sepa relajarlos y cuando hacerlo.
Amase la arcilla utilizando solamente el peso de su cuerpo sobre ella, integrándola. Entienda que la arcilla estuvo esperando por este momento y quizás algo de su exterior se haya resecado, pero el interior espera con la consistencia correcta. Integre el interior con el exterior y empiece a comunicarse con ese pedazo de arcilla que será el centro de su atención durante un pequeño y eterno momento de su vida. En este punto del proceso la arcilla deberá siempre ser un bloque o aspirar a serlo, no bordes afilados, no protuberancias, más una masa lo más uniforme posible. Divida la masa en trozos y mézclelos, lo que estaba adentro ahora está afuera, lo que estaba arriba ahora está abajo y así con todo, desordenando para ordenar.
Una vez listo el trozo de arcilla mire hacia el torno. Allí debe tener esperando una esponja, bastante agua (tibia, si hiciera frío), algunos delantales y cosas si no está dispuesto a ensuciarse y no mucho más que eso para empezar. La platina debe estar limpia y no muy húmeda.
El torno gira hacia un lado o hacia el otro y lo importante de este primer momento es encontrar el centro del que nacerá nuestro trabajo. De un fuerte golpe el trozo de arcilla que amansamos para nuestra pieza debe quedar adherida a la platina. Vale acomodarla un poco luego del golpe, al menos eso hice yo en mi día de principiante. Luego pisamos el pedal y el mundo empieza a girar.
Amase la arcilla utilizando solamente el peso de su cuerpo sobre ella, integrándola. Entienda que la arcilla estuvo esperando por este momento y quizás algo de su exterior se haya resecado, pero el interior espera con la consistencia correcta. Integre el interior con el exterior y empiece a comunicarse con ese pedazo de arcilla que será el centro de su atención durante un pequeño y eterno momento de su vida. En este punto del proceso la arcilla deberá siempre ser un bloque o aspirar a serlo, no bordes afilados, no protuberancias, más una masa lo más uniforme posible. Divida la masa en trozos y mézclelos, lo que estaba adentro ahora está afuera, lo que estaba arriba ahora está abajo y así con todo, desordenando para ordenar.
Una vez listo el trozo de arcilla mire hacia el torno. Allí debe tener esperando una esponja, bastante agua (tibia, si hiciera frío), algunos delantales y cosas si no está dispuesto a ensuciarse y no mucho más que eso para empezar. La platina debe estar limpia y no muy húmeda.
El torno gira hacia un lado o hacia el otro y lo importante de este primer momento es encontrar el centro del que nacerá nuestro trabajo. De un fuerte golpe el trozo de arcilla que amansamos para nuestra pieza debe quedar adherida a la platina. Vale acomodarla un poco luego del golpe, al menos eso hice yo en mi día de principiante. Luego pisamos el pedal y el mundo empieza a girar.
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