miércoles, 14 de abril de 2010

08/08/09 En mis zapatos.

Walk a mile in my shoes.
No one can.
Pero yo sí puedo, y lo hice.
Nadie sabrá nunca lo que fue vivir la vida que vivimos. Ser nosotros en determinado momento de nuestras vidas, encerrados en nuestras limitaciones. Nadie podrá terminar de entender nunca lo que fue escuchar lo que escuchamos, ver lo que vimos, sufrir lo que sufrimos y reir por las cosas por las que reimos. Brindo por los que, sabiendo esto o no, de todas formas intentan entendernos. No dicen "no te entiendo" o "nunca te voy a entender". Saben que no se puede y sin embargo lo intentan.
Nadie puede realmente entenderme pero yo sí puedo. Yo sí vi lo que tuve que ver, sufrí lo que tuve que sufrir y reí cuando fue tiempo de hacerlo. Yo me entiendo y me tengo cariño porque sé explicarme a mí misma por qué hago esto o lo otro. En mi cabeza, lo que hago tiene sentido. Y me tengo simpatía, porque sé que no fue fácil hacer las cosas que hice y estar ahora donde estoy, como estoy.
Y si (¿sigo cabeza abajo?) me tengo paciencia y cariño y simpatía y siento comprensión por mí misma y entonces tengo ganas de seguir a mi lado, entonces quizá pueda empezar a transmitir eso hacia afuera. Y que los demás vean que yo, que me conozco mejor que nadie, me tengo simpatía y quieran ver por qué es. Y entonces estar acompañada de gente que nunca me va a entender, no, porque no pueden, pero que de todas formas lo van a intentar y lo van a querer.



Volar volar volar volar volar, ¿cómo es, Alberto , volar al más allá?
Nada nos deja más en soledad que la alegría, si se va.

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