Describiré ahora una sensación muy exquisita. No porque me agrade sino por su rareza.
Hoy la estoy sintiendo por quinta vez, e intento controlarla para que no me domine. No, estoy de hoy es una suma de incomodidades.
Pero esa sensación... esa negación de la realidad. Es una pelea interior interesante. Parte de uno quiere irse volando en la primer idea que resulte reconfortante (léase una bala en la cabeza o un elefante rosa, lo mismo da). Otra parte intenta seguir negociando con esa realidad tan... monstruosa.
Let's face it. A veces la realidad es sencillamente repugnante. En especial cuando se es un inadaptado que no puede tolerar 5 carteles publicitarios juntos.
(Ahora mismo, por ejemplo, estoy viendo ocho marcas distintas que intentan venderme cosas desde 25 piezas gráficas diferentes, con sólo levantar la vista, ¡estoy rodeada!)
El cuerpo se niega a volverse loco con uno. Eso lo recuerdo bien. Las manos a la cabeza, intentando sostener el pensamiento en su lugar para que no explote ni se aleje. El estómago revuelto en una náusea, intentando distraer la atención de semejante orgía de negación, represión, desplazamiento...
Desplazamiento...
Cuando la consciencia es la que se llena de contenidos intolerables, el desplazamiento es tan doloroso como la amputación de un miembro.
Hoy, mi desplazamiento, pequeñito, es una hoja de afeitar.
domingo, 28 de marzo de 2010
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