
Nadie me merece
porque no merezco a nadie.
Llevamos en nosotros los ingredientes Y la fórmula exacta de nuestra alegría.
Somos totalmente capaces de hacernos felices.
Pero amamos nuestra tragedia y nos gusta regodearnos en ella.
"Genial, encima de todo llueve..." y ponemos cara de perro
para que todos la vean y sean desgraciados con nosotros.
La verdad es que nos encanta la receta del desastre, jugamos,
todo el tiempo jugamos con los ingredientes prohibidos
para perfeccionarla y hacerla más y más sabrosa.
Y yo...
No quiero ponerte un anillo en el dedo, ni las llaves de tu casa,
tampoco el reinado de tu casilla de mensajes. No quiero tu vida.
Yo soy ambiciosa, no me conformaría con menos.
Con menos que lo más valioso, lo más tuyo,
quiero que me abras tu mente.
Que te pongas pornográfico de tan sincero,
quiero el completo mapa de tus pensamientos.
De lo más oscuro y asqueroso a lo más acabado y perfecto.
Quiero ese tesoro, no, no logro conformarme con menos.
Yo también me dejo tentar por la receta del desastre,
me gustaría tener alguien con quien intentar explicarlo en voz alta.
A los ojos.

Pedís mucho...
ResponderEliminarNo todos los que pretendemos eso del otro estamos dispuestos conciente o inconcientemente a darlo a cambio.
Ojo al piojo.
"No nos importa eso de ser felices, necesitamos vivir con pasión, nos gustan los altibajos de la vida, nos gusta el sufrimiento porque se siente tan bien cuando cesa por un instante"
(ironizaba Matthieu Ricard en TED)
deberías decirlo en la cara de alguien pues
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