¿Me creerías si te dijera que la razón por la que nos levantamos esta mañana a la fuerza, violentados por la alarma, que la razón por la que sacamos el cuerpo y las ganas fuera de la cama calentita y salimos de nuestras casas hacia un lugar que no nos gusta, la razón por la que hoy te pasaste horas y horas poniendo la mente, el cuerpo, el alma y tu tiempo en un trabajo que no te convence es porque eso enriquece a ciertos señores dueños de las corporaciones que manejan todas las economías del mundo?
Está bien. No te pido que me creas, sí te pido que consideres la posibilidad de que la razón por la que te sentís un esclavo del deber, de tus deudas y de tus necesidades es porque, quizá, de hecho seas un esclavo.
Si, ya sé. Es muy complicado ponerse a pensar en todo esto. Pero si todos los días te sentís un poco censurado, obligado, postergado por el deber, ¿no estás de acuerdo conmigo en que hay algo que está mal? ¿Y si lo siento mal yo, y lo sentís vos, y lo siente tu compañero y tu vecino, entonces es probable que esté mal de verdad?
No te estoy pidiendo que empieces una revolución. No te pido que cargues sobre tus hombros el peso de cambiar el mundo. Te pido que abras los ojos. Que pienses. Que decidas SER. Vos mismo. Que vuelvas a prestarle atención a las cosas que realmente te hacen sentir vivo y las hagas. Y seas. Feliz.

¿Cómo? Un día a la vez. Una vida a la vez. Empecemos por las nuestras. Empezá por la tuya. Apaguemos esa maldita televisión que pretende convencernos de que lo importante son cosas tan banales y pensemos. Pensemos en la posibilidad de que si toda nuestra rutina se siente mal, y hablando con otros sabemos que los demás también la sienten así, entonces está mal.
Basta de ser esclavos. Ya lo podés sentir adentro tuyo. Sabés que no necesitás todas esas cositas que coleccionás para parecer feliz, que las cosas verdaderamente lindas de tu vida fueron siempre las más sencillas. Cantá, bailá. Hablá con ella, con él. Salí a caminar. Llevá a tus hijos al parque. No les vuelvas a decir que tienen que hacer esto o aquello si vos mismo no estás convencido de que eso esté bien.
Aprendé. Leé un libro. Saboreá tu tiempo libre, es el que realmente te pertenece y deberías tenér mucho más tiempo para hacer lo que querés hacer, sin culpa.
Vivimos en un país donde aprendimos bien ya la lección: si alguien sufre de una injusticia, es porque a algún otro eso le conviene.
¿No te parece injusto no tener tiempo en la semana para estar tranquilo con los que querés? Eso, a alguien le conviene.
Decí basta. Abrí los ojos. Volvé a pasar por tu corazón y preguntale qué quiere. Y hacele caso. Ningún corazón quiere ser esclavo.
Hagamos una revolución: intentemos ser felices y libres.
No tengas miedo. Vivir sólo cuesta vida. ¿De verdad querés regalarle tu vida a un par de hijos de puta a los que les importás tres carajos?
No tengas miedo. Sé feliz. Hacé lo que quieras. No existe el deber. No tenés que ser un esclavo.
¿Me creerías si te digo que solo te estoy pidiendo que consideres la posibilidad de que se puede ser libre con solo pensar en otras posibilidades?

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